Artículos del Dr. Petero Camavas
Saborear con conciencia: la guía de Camavas sobre alimentos y equilibrio
En mi experiencia como divulgador, he descubierto que nuestros hábitos en la mesa tienen un impacto profundo en cómo nos sentimos. En este primer artículo quiero invitarte a explorar la noción de saborear con conciencia. Empieza por mirar tu plato: ¿qué colores ves? Una combinación de verdes, naranjas, rojos y marrones suele indicar una buena diversidad de nutrientes. Escoge verduras frescas como la acelga, el brócoli y la col rizada; acompáñalas con tubérculos dulces como el boniato y la calabaza, y añade un toque crujiente con frutos secos tostados. Estos ingredientes aportan texturas y sabores que se complementan entre sí, y al combinarlos con cereales integrales como el bulgur o la cebada, obtienes una base nutritiva para mantener la energía.
La variedad también se extiende a las proteínas. En lugar de depender de un solo tipo de fuente, te animo a experimentar con legumbres como las alubias pintas, las habas y las lentejas rojas. Puedes prepararlas en guisos aromáticos con laurel, tomillo y tomates maduros, o mezclarlas con ensaladas templadas de quinoa y perejil. Los huevos de corral cocidos a baja temperatura ofrecen una textura delicada y pueden servirse con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y una pizca de pimentón. Si consumes pescado, elige especies de temporada como la sardina o el bacalao, cocinadas al horno con hierbas provenzales y rodajas de limón para destacar su sabor natural.
Otro aspecto esencial de la alimentación consciente es la forma en que condimentas tus platos. Las especias y hierbas no solo añaden sabor, sino que también ofrecen aromas que pueden influir en tu bienestar. La cúrcuma, el jengibre y la canela aportan notas cálidas a sopas y guisos; el cilantro fresco, la albahaca y la menta realzan ensaladas y platos fríos. Te propongo mantener un pequeño jardín de macetas con hierbas en tu cocina o balcón. Cosechar tus propias hojas de romero o tomillo y añadirlas a tus recetas es un gesto que te conecta con la naturaleza y le da un toque especial a cada comida.
Finalmente, no podemos pasar por alto la importancia del ritmo de las comidas. En mis talleres, suelo recomendar establecer horarios regulares y evitar saltarse comidas. Desayunar con calma, almorzar lejos de pantallas y cenar temprano son rutinas que promueven una sensación de orden y plenitud. Es fundamental masticar cada bocado lentamente y prestar atención a las señales de saciedad. Al hacer pausas y saborear cada plato, permites que tu cuerpo procese la comida de manera más eficiente. Un entorno tranquilo, una mesa bien puesta y la compañía adecuada contribuyen a que cada comida sea un momento de disfrute y equilibrio.
Ritmo y respiración: rutinas suaves para mantener el dulzor interior
Como amante del movimiento y del cuerpo humano, siempre he defendido que no es necesario realizar actividades extenuantes para sentirse bien. De hecho, un ritmo moderado y controlado suele ser más efectivo para mantener un flujo constante de energía. En esta ocasión, quiero compartir contigo algunas rutinas suaves que he incorporado a mis programas. Empezaremos con caminatas conscientes: elige un parque o una ruta tranquila, camina a un ritmo constante y sincroniza tus pasos con tu respiración. Inhala durante cuatro pasos y exhala durante los siguientes cuatro. Este patrón ayuda a centrar la mente y a mantener un paso sereno.
Otra práctica que recomiendo es el estiramiento consciente al despertar. Antes de levantarte, estira los brazos sobre la cabeza, flexiona y extiende los dedos de los pies y realiza pequeños círculos con tobillos y muñecas. Levántate lentamente y dedica cinco minutos a movimientos suaves de columna, como flexiones laterales y rotaciones. Esta secuencia despierta los músculos y facilita la circulación. A mitad del día, reserva un momento para realizar respiraciones profundas. Siéntate con la espalda recta, coloca una mano sobre el abdomen y la otra sobre el pecho. Inhala por la nariz, sintiendo cómo se expande el abdomen, luego exhala lentamente por la boca. Repite esto cinco veces para relajar los hombros y liberar tensiones.
También he incluido en mis talleres ejercicios inspirados en el yoga, adaptados para todos los niveles. Posturas como la del guerrero pacífico y la del gato/vaca ayudan a estirar la espalda y fortalecer el equilibrio. Para complementar estas posturas, incorporo técnicas de respiración alterna. Cierra suavemente la fosa nasal derecha con el pulgar, inhala por la izquierda durante cuatro segundos, ciérrala con el anular, abre la derecha y exhala durante cuatro segundos. Repite el patrón alternando las fosas nasales, siempre con movimientos lentos. Este ejercicio calma la mente y favorece la claridad.
Al final del día, dedica tiempo a la relajación profunda. Puedes tumbarte en el suelo sobre una esterilla, cerrar los ojos y escuchar música suave o sonidos de la naturaleza. Con cada exhalación, imagina cómo sueltas tensiones y preocupaciones. Acompaña este momento con una taza de infusión sin cafeína, como el rooibos o la manzanilla con unas gotas de limón. Estas rutinas, realizadas de forma constante, te ayudarán a mantener un dulzor interior y una sensación de bienestar que se reflejará en tu día a día.
Complementos y hábitos cotidianos: consejos de Petero Camavas
Durante mi trayectoria como autor y consultor he observado que, a menudo, el bienestar se apoya en pequeños hábitos sostenidos en el tiempo. En esta última entrega, quiero hablar sobre los complementos alimenticios desde una perspectiva de equilibrio y responsabilidad. Los complementos pueden ser un apoyo útil cuando buscamos potenciar ciertos aspectos de nuestra nutrición, siempre y cuando se utilicen con moderación y en el contexto de una dieta variada. Por ejemplo, la fibra soluble en forma de psyllium se puede añadir a batidos y yogures para aumentar la sensación de saciedad y mejorar la textura de las preparaciones. Esta fibra se obtiene de la cáscara de semillas y es fácil de incorporar en la cocina diaria.
Los extractos de plantas aromáticas son otro ejemplo de complementos que pueden formar parte de una rutina consciente. El extracto de canela se utiliza tradicionalmente en repostería y bebidas calientes, mientras que el de cúrcuma aporta un color vibrante y un sabor terroso a sopas y guisos. Para quienes buscan un aporte adicional de ácidos grasos saludables, el aceite de lino y el aceite de perilla en cápsulas ofrecen una alternativa vegetal a los aceites de pescado. Otros complementos populares incluyen la vitamina D y la vitamina B12, especialmente en personas que siguen dietas vegetarianas o veganas. Recuerda siempre leer las etiquetas y verificar que los productos cumplan con las normativas europeas.
No obstante, el verdadero secreto del bienestar reside en la constancia de los hábitos cotidianos. Un hábito que recomiendo es preparar tus propias meriendas saludables. En lugar de recurrir a productos procesados, puedes crear bolsas con frutos secos tostados y frutos secos deshidratados, barritas de avena caseras sin endulzantes añadidos o rodajas de manzana espolvoreadas con canela. Otro hábito beneficioso es mantener un horario regular de descanso; acostarte y levantarte a la misma hora permite que tu organismo encuentre un ritmo natural. Al mismo tiempo, es importante tomar pausas breves de cinco minutos cada hora para estirarte, beber agua y respirar profundamente. Estas pausas ayudan a revitalizar la mente y el cuerpo.
Finalmente, te animo a llevar un diario de bienestar. Escribe cada día tres cosas por las que te sientes agradecido, anota tus comidas, tus prácticas de movimiento y cómo te sientes antes y después de realizarlas. Este registro te permitirá observar patrones, celebrar tus logros y ajustar lo que sea necesario. Los complementos naturales, cuando se utilizan con criterio, pueden formar parte de tu caja de herramientas, pero el verdadero cambio se produce cuando tus decisiones diarias se alinean con tus objetivos de bienestar. Como siempre digo a mis lectores: la clave está en escuchar tu cuerpo, mantener la curiosidad y disfrutar del proceso.